La importancia del grupo y del profesor en tu clase de pilates
Hacer pilates no es solo estirarse y hacer ejercicios ¡es mucho más que eso! El ambiente del grupo y la conexión con el profesor tienen un impacto enorme en como te sientes y en los resultados que consigues. En este blog quiero contarte por qué estas dos cosas son clave para sacar lo mejor de tu práctica de pilates. Y sí, ¡también para que te eches unas risas de vez en cuando!
El papel del profesor en pilates.
Correcciones y consejos: un buen profesor es como tu GPS personal. Te ayuda a mantener la postura correcta, evitar lesiones y a asegurarte de que no estás haciendo “el movimiento del pato” sin querer. ¡Te salva de ajustar mal la postura y quedarte con un dolor raro un par de días!
Motivación extra: a veces, cuando las clases se ponen algo duras, ¡es fácil pensar que estás en una película de terror! Pero ahí es donde tu profe entra en acción, dándote ese empujón para que sigas adelante. ¡Vamos que puedes! Solo una más..¡con una sonrisa, eh!
Clases adaptadas a ti: todos tenemos días en los que no estamos al 100%, y un buen instructor sabe como ayudarte a ajustar la fuerza a ese día. Da igual si eres principiante o un experto, ¡siempre se puede encontrar el ajuste para ti! Eso si, si me dices que no puedes más, te voy a mirar con cara de ¿estás seguro/a?
La magia del grupo en Pilates:
Sentirte parte de algo: las clases grupales no solo te dan la sensación de comunidad, sino que también te hacen sentir como parte de un equipo. Si ves que todos están sudando, te das cuenta de que no estás solo/a en tu lucha ¡aquí todos estamos en el mismo barco! Cada uno con su historia, con su mochila, compartiendo y buscando su mejor versión.
Energía positiva: ¿te has dado cuenta de cómo la energía del grupo puede hacer que las clases sean mucho más divertidas? Cuando todos/as estamos riendo o quejándonos de lo difícil que es hacer un ejercicio, ¡es cómo si todos estuviéramos en una fiesta! Sí, bueno, una fiesta con estiramientos y abdominales, ¡pero fiesta al fin y al cabo!
Aprender de los demás: además de las correcciones del profesor, en las clases en grupo también aprendemos de los compañeros ¿ese truco para que no te duelan los empeines cuando te sientas sobre los talones? ¡Te lo cuentan! Y sí, si alguien se ríe por que no has hecho el ejercicio de forma perfecta ¡nos reímos todos juntos!. Aquí no hay presión solo risas y progreso.
La combinación perfecta: profesor-grupo.
Trabajo en equipo: cuando el profesor se entrega y el grupo tiene ganas de mejorar ¡se crea una magia increíble!. Todos nos apoyamos, y eso hace que cada clase sea como una mini-fiesta de pilates. Aunque sí, a veces es una fiesta de sudor y cansancio ¡pero la recompensa es brutal!
Clases más dinámicas: el profesor aprovecha la energía del grupo para hacer que la clase sea divertida y desafiante al mismo tiempo ¡te lanzo un reto, pero con una sonrisa! Porque sí, lo que importa es que lo pasemos bien mientras nos esforzamos. “¡si no me ves sudando es que no lo estoy haciendo bien!”, me gusta decir.
Una anécdota personal:
Tengo una historia que siempre me hace reír. Hace un tiempo una de mis alumnas me contó que durante su viaje a Venecia se acordó mucho de mí. Claro, ya te puedes imaginar, yo me emocioné mucho, aunque cuando lo desarrolló ya perdió ese espíritu romántico. Resulta que estaba en el baño de un restaurante de la ciudad, y cuando se fue a sentar en el retrete ¡no podía ni doblarse!. Estaba tan llena de agujetas de la última clase de power pilates que rememoró la clase y pensó ¡nunca pensé que la profe de pilates se viniese conmigo a Venecia! La verdad es que me hizo mucha gracia porque, aunque lo veía venir, nunca deja de sorprenderme lo intensas que pueden llegar a ser las clases…y las agujetas que dejamos atrás. ¡Pero también es un recordatorio de lo bien que trabajamos juntos!. Cuándo esos músculos te duelen es porque realmente les has dado caña, y eso se nota.